| Tratandome las congelaciones en el CB del Aconcagua. |
Aunque la Factoría de Pescanova cierra, los congelados
seguimos existiendo, por eso os explico en que consiste una congelación.
Las congelaciones es el mal más común de los alpinistas y más
aún si se dedican a escalar montañas de gran altitud, y todo tenemos asumido
que cuando ponemos nuestras miradas en una cumbre como el GII o el Aconcagua,
nos exponemos a ellas, con esto no quiero decir que no haya que tenerlas en
cuanta cuando escalamos, ya que podemos llegar a perder algún miembro.
El congelamiento es la condición médica donde la piel y otros tejidos son dañados a causa del frío extremo. A temperaturas iguales o inferiores a 0º C (32 °F) los vasos sanguíneos
comienzan a estrecharse. Esto ayuda a preservar la temperatura
corporal. En caso de frío extremo o cuando el cuerpo es expuesto al frío
por periodos prolongados, esta estrategia protectora puede reducir el flujo sanguíneo
en algunas áreas del cuerpo a niveles peligrosamente bajos. Las áreas
donde esto ocurre se congelarán. La combinación de temperaturas frías y
bajo flujo sanguíneo pueden causar lesiones graves en los tejidos que
sufren congelación.
Las congelaciones ocurren más fácilmente en montañas o grandes altitudes con nieve. En caso de que el congelamiento no se trate inmediatamente, los daños pueden llegar a ser permanentes. Puesto que el oxígeno no llega a ciertas zonas, se producen daños en los nervios.
Las zonas congeladas se decoloran, primero se vuelven de color púrpura,
y luego de color negro. A continuación, el daño nervioso se torna tan
grande que las áreas afectadas por el congelamiento se adormecen.
También pueden surgir ampollas. Si se pierde la sensibilidad en la zona
dañada, es vital revisar la piel por si hubiera cortes y grietas en la
piel. La piel abierta por cortes puede infectarse, lo cual puede causar gangrena, y entonces podría ser necesaria la amputación
del miembro afectado.
Efectos del frío sobre el organismo
La capacidad de adaptación fisiológica del ser humano al frío es
mínima, por lo que sin la ropa adecuada y otras medidas de protección es
probable que aparezcan lesiones cutáneas. Algunas de estas lesiones
estarán causadas o agravadas directamente por el frío, mientras que
otras se deberán a una especial sensibilidad individual a éste (tabla
1).
La hipotermia es el problema más grave que aparece tras la exposición
al frío ambiental y puede llegar a ser potencialmente mortal. Cuando la
temperatura corporal desciende por debajo de los 35 °C comienzan a
producirse trastornos cardiovasculares, respiratorios, del sistema
nervioso central (SNC) y de la coagulación: desde taquicardia,
hipoventilación, temblores y confusión hasta bradicardia, arritmias,
rigidez, acidosis respiratoria, coma y muerte por debajo de 28 °C. Los
mecanismos de termorregulación del organismo intentan mantener la
temperatura corporal central estable a expensas de la temperatura
periférica de la piel y las extremidades. Cuando se produce la
exposición al frío ambiental, la circulación sanguínea se deriva de los
tejidos periféricos a la circulación central para evitar la disipación
del calor, lo que conlleva un estado de isquemia relativa, responsable
de algunas de las manifestaciones cutáneas asociadas al frío. Una
especial susceptibilidad personal y la existencia de enfermedades
previas predisponentes pueden determinar la aparición de otras lesiones
cutáneas.
Congelación
Aunque históricamente la congelación se producía en el personal
militar durante las guerras, en los últimos 20-30 años se han empezado a
observar en la población civil. Personas sin hogar, trabajadores al
aire libre, escaladores, montañistas y esquiadores están en riesgo de
sufrir distintos grados de congelación durante el invierno,
especialmente en las zonas de altas latitudes. La mayoría de las
lesiones cutáneas superficiales causadas por el frío se producen en la
cabeza y la cara, y se resuelven sin secuelas, mientras que la
congelación es más frecuente en las manos y los pies, y precisa
tratamiento hospitalario. La gravedad de las lesiones producidas por el
frío depende de diversos factores, tanto individuales (principalmente
abuso de alcohol y tabaco) como medioambientales (temperatura, duración
de la exposición, presencia de viento y altitud) (tabla 2). Además,
parece haber una cierta influencia racial en la susceptibilidad personal
al frío.
Inicialmente la exposición al frío va a producir vasoconstricción,
vasospasmo y enfriamiento del miembro afectado. La disminución de la
temperatura tisular por debajo de –2 °C produce la formación de
cristales de hielo intra/extracelulares con hipertonicidad,
desnaturalización de proteínas, destrucción de membranas celulares,
hiperviscosidad plasmática y disminución de la conducción nerviosa. El
calentamiento, al derretir los cristales de hielo, produce liberación de
mediadores de la inflamación, extravasación de fluidos, edema y
formación de ampollas. La inflamación posterior, la ectasia vascular y
la trombosis secundaria son responsables de la isquemia y la necrosis
tisular. El efecto clínico es similar a las lesiones producidas por la
crioterapia.
Características clínicas
Las lesiones por congelación aparecen cuando los tejidos se congelan
por exposición al aire, líquidos o metales extremadamente fríos.
Aparecen con mayor frecuencia en las zonas del cuerpo menos protegidas
del frío, como los dedos, los pies, las orejas, la nariz y las mejillas.
Tras una sensación inicial de dolor o quemazón, la zona afectada se
hace insensible, y adopta una coloración pálida-cérea que persistirá
hasta ser calentada de nuevo. La gravedad y la extensión del daño
producido no será evidente hasta después de recalentar la zona. Las
lesiones por congelación se dividen en cuatro categorías, de forma
similar a las quemaduras térmicas. Las lesiones de primer grado
presentan palidez o eritema, edema y anestesia, o dolor transitorio, que
se resuelve en pocas horas sin secuelas. Las lesiones de segundo grado
se caracterizan por la formación de ampollas de contenido claro sobre
áreas de eritema y edema intenso. La curación habitualmente es completa,
pero puede persistir una cierta neuropatía periférica con
hipersensibilidad posterior al frío. En las lesiones de tercer grado se
observa la aparición de ampollas hemorrágicas sobre piel seca de aspecto
céreo, lo que se considera un signo de mal pronóstico. Las lesiones de
cuarto grado se producen por la afectación de tejidos blandos en
profundidad con necrosis de la piel, los músculos, los tendones e
incluso el hueso, que por su gravedad son irrecuperables y requieren
generalmente su amputación. Sin embargo, últimamente se prefiere
clasificar las lesiones por congelación en superficiales (primer y
segundo grado) y profundas (tercer y cuarto grado), ya que esta
clasificación tiene una mejor correlación clínico-pronóstica.
| Manos sumergidas en agua con Yodo. |
Tratamiento
El tratamiento debe iniciarse desde que se identifica el problema,
incluso antes de establecer la intensidad de las lesiones.
Las primeras medidas deben ir encaminadas a conseguir una buena
protección local para evitar traumas mecánicos, como no frotar la zona y
alejar el miembro afectado de fuentes de calor, y también se debe
evitar la ingesta de alcohol y otros sedantes. Es fundamental evitar los
ciclos de descongelación-recongelación de los tejidos afectados para
disminuir el daño final, por lo que no se iniciará el calentamiento
local de la zona hasta poder garantizar el mantenimiento de una
temperatura ambiente adecuada. En caso de hipotermia asociada a las
lesiones cutáneas por congelación no se iniciará el calentamiento local
del miembro afectado hasta haber conseguido una temperatura corporal
adecuada (> 35 °C) y la estabilización del paciente. La base del
tratamiento de las lesiones por congelación es el recalentamiento rápido
del miembro afectado mediante inmersión en agua a 40-42 °C durante
15-30 min. Unas temperaturas menores parecen ser menos eficaces para
conseguir la recuperación del tejido, y unas temperaturas mayores pueden
producir quemaduras térmicas. La aplicación de calor seco y el
calentamiento lento están contraindicados. Durante el tratamiento, la
aparición de un eritema de coloración violácea y el ablandamiento de la
zona que permite plegar la piel son signos favorables de recuperación.
En algunos casos se han utilizado otros tratamientos complementarios,
como la infusión intravenosa de dextranos de bajo peso molecular,
heparina o vasodilatadores, así como el uso de cámaras de oxígeno
hiperbárico. La fibrinólisis con rTPA en las primeras 24 h parece
disminuir experimentalmente la necesidad de amputaciones digitales. Tras
el tratamiento inicial se producirá la recuperación lentamente
progresiva de los tejidos viables y la necrosis del área irrecuperable.
La definición de la extensión del daño se producirá una vez transcurrido
un tiempo variable, de 1-3 meses, después de la exposición al frío.
Entonces se llevará a cabo el desbridamiento quirúrgico de los tejidos
necróticos y las amputaciones necesarias. El tratamiento quirúrgico
precoz sólo se debe realizar en caso de infección local no controlada.
Después de la recuperación de los tejidos pueden quedar secuelas
duraderas e incluso irreversibles en la zona, como dolor crónico,
hiperestesia, analgesia, hiperhidrosis, cambios de coloración,
hipersensibilidad al frío/calor, artropatías, contracturas articulares,
trastornos del crecimiento del miembro afectado en el caso de los niños,
onicodistrofias, entre otras.
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